domingo, 3 de mayo de 2009

Día del Trabajo

El sábado 2 de mayo el tema central de El Clan Esdrújulo fue el trabajo.

Esta es la editorial con la que abrimos el programa.

Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.

Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.

Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.

Así dice el artículo 23 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Y está bien, así debe ser.

Pero la verdad es que la crisis del mundo la pagan los trabajadores que ponen lo único propio que tienen, su capacidad de trabajo, cuando consiguen donde trabajar sin que los exploten.

La fuerza del trabajo se convierte en realidad con su ejercicio, sólo se pone en acción al trabajar.

Pero la cosa no se puede plantear solamente en cuestiones de empleo o desempleo. Eso es simplificar el debate a la mínima expresión. Hay que trazar también una línea bien gruesa sobre la flexibilización y la precarización del trabajo, sobre la obscenidad del manejo partidista de los planes de empleo, el ajuste a costa de los trabajadores mientras los pocos dueños del capital siguen de fiesta en fiesta con el dinero que ellos mismos no producen.

Que dirían los viejos luchadores sociales, fundadores de los gremios, los que pagaron con su vida las conquistas laborales de los últimos cien años si se enterasen que en una Central Sindical organiza un acto para el día del trabajador un día antes del 1º de mayo para no entorpecer el fin de semana largo y encima trata de disciplinar a los trabajadores diciéndoles qué tiene que votar.

Qué dirían los apaleados de la semana trágica, los fusilados de las huelgas obreras de la Patagonia, los desaparecidos de la dictadura.

Es cierto que el trabajo dignifica.

No hay nada más digno que ganarse el pan trabajando, honradamente, algo que el capital no sabe hacer.

Lo que sí sabe es lo peligroso que es un trabajador digno de su conciencia de clase, de su sentido de pertenencia sindical, de su empecinada obstinación por hacer un mundo más justo.

A esos hombres y mujeres no los pueden comprar con nada, porque esas almas no están en venta y el capital no comprende cómo, en un mundo donde todo se puede comprar y vender, esos pobres diablos son tan tercos.

Con esa terquedad se construye un mundo mejor. Por esa misma terquedad, los vilipendiados, excluidos, ninguneados y castigados sueñan con un futuro mejor para sus hijos.

En algún momento el futuro va a llegar y ahí estarán los que tuvieron la constancia y la paciencia para esperarlo.

Bienvenidos a El Clan Esdrújulo, esto es radio para escuchar.



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