martes, 18 de agosto de 2009

El Clan Esdrújulo

LOS EDITORIALES

Actualizamos los editoriales de apertura de los últimos programas.
Con ellas abrimos cada sábado nuestro encuentro con los oyentes y marcan nuestra opinión sobre el tema más importante que desarrollamos en el programa.
Pronto pondremos los audios de todas los editoriales de El Clan Esdrújulo con la música que acompaña cada apertura.

José de San Martín

Esta es la editorial de apertura del programa del 15 de agosto dedicado al General José de San Martín.

¿De qué carne están hechos los héroes?
¿O sólo son puro bronce y existen en nuestra imaginación?

El Santo de la Espada; el Padre de la Patria; el de la logia de Cádiz; el mulato; mitad español, mitad argentino; héroe; conspirador; santo; déspota; todo y nada de eso era José de San Martín.

Serás lo que debas ser o no serás nada. En pelotas, pero libres.

¿Cuál es la dimensión de ese hombre? ¿Existe hoy un argentino capaz de tanto sacrificio?

San Martín no era de bronce, por cierto, y su última aspiración era ser un hombre común, pero cada hombre vive una doble fatalidad: la de su ser íntimo y la del juicio ajeno. Entre ambos extremos se desarrolla la vida.

“…Nada suministra una idea para conocer a los hombres como una revolución; ella nos presenta ejemplos para medir lo inmenso de su perversidad” pensaba don José y tenía bien sabido que “tener méritos y no tener enemigos es imposible”.
San Martín fue el hombre que veía más lejos; el que puso por sobre sus ambiciones personales el valor más importante para cualquier hombre, la libertad.

Hoy, más de siglo y medio después de su muerte, seguimos buscando el camino que nos lleve a la libertad, pero no tenemos quien sea capaz de ver más allá.

Nuestras miradas se quedan aquí nomás, cerca, muy cerca, mirando lo intranscendente, confundiendo el alboroto con la revolución; creyendo que rompemos los espejos donde nos reflejamos, mirándonos absortos, desorientados, impávidos, incrédulos.

Aquel rumbo del Libertador, ¿estará cerca del que andamos buscando?

Entre tanta lucecita de colores y musiquitas engañadoras, nos queremos convencer que vamos derecho a nuestro destino de gloria.

“Basta de ser egoístas. A la idea del bien común y de nuestra existencia todo debe sacrificarse” pensaba don José y lo cumplió sin dobleces.

Comandó los avances de un ejército empobrecido, mal entrazado, que logró una de las hazañas militares más impresionantes de la historia.

Murió en el exilio.

Si viera en lo que nos hemos transformado le daría un poco de vergüenza, propia y ajena.

Serás lo que debas ser o no serás nada. En pelotas pero libres.

Aún no sabemos si somos o no y la patria, como una adolescente, sueña que sus sueños se hacen realidad…


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A propósito del Día del Niño

Esta es la editorial de apertura del programa del día 8 de agosto, Día del Niño en Argentina.

“En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega ha perdido para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. He edificado mi casa también como un juguete y juego en ella de la mañana a la noche”
.

Esto decía Pablo Neruda en “Confieso que he vivido”.

¿Que les diría a ustedes, que me diría a mí, el niño o la niña que fuimos?

¿Cómo nos recordamos de niños? ¿Llegamos a ser lo que queríamos ser cuando éramos chicos?

Según datos oficiales:

El 41% de los niños menores de 14 años es pobre.

El 12% de los niños de menos de 14 años son indigentes

La tasa de mortalidad infantil en Argentina triplica a la de Singapur, es un 90% superior a la de Cuba y un 35% superior a la de Chile.

La tasa de mortalidad infantil en hijos de madres con escolaridad primaria incompleta o menos es un 300% superior al de hijos de madres con secundaria completa o más.

La vivienda y provisión de agua inadecuadas aumentan en un 60% las posibilidades de los niños de morir antes de cumplir los 2 años de vida.

La ausencia de cobertura de salud de la madre y las necesidades básicas insatisfechas aumentan un 41% los riesgos de muerte de los niños antes de los 2 años de vida.

La tuberculosis pulmonar en niños menores de 5 años creció un 153% durante la vigencia del plan de convertibilidad.

En ese mismo período, la diarrea infantil creció un 40%.

El 35% de los niños menores de 6 años no está vacunado con la polio.

El 30% de los niños menores de 6 años no recibió la vacuna triple.

Existen en el país 4.890.000 de niños pobres menores de 14 años, de ellos 1.390.000 son indigentes que, de no existir ayuda externa, estarían imposibilitados de acceder a una canasta alimentaria básica.

El 45% de los niños menores de 4 años y el 41% de los niños de 5 a 14 años no tienen ninguna cobertura de salud.

Todo esto sin contar la cantidad de chicos judicializados, víctimas de la paste base, del trabajo esclavo, de la prostitución infantil.

Pibes que son la vuelta más absurda de lo que los economistas llaman el círculo vicioso de la pobreza.

Venimos arrastrando la desidia, la indiferencia, el desprecio, el abandono; rifando el futuro, destruyendo ilusiones y sueños.

A todos ellos, difícilmente, se les hará feliz el día del niño.


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Los valores humanos

Esta es la editorial de apertura del programa del sábado 1º de agosto.

La ley 25.787 sancionada en octubre del 2003 establece que el cada 29 de julio se debe conmemorar el día de los valores humanos y ese día en cada aula de cada escuela del país se debe dar una clase alusiva a esta conmemoración.

¿Tan mal estamos que necesitamos una ley para recordarnos cuáles son los valores humanos?

Estamos mal, por cierto, porque nadie conoce esta ley, inútil, además, firmada por Scioli y Caamaño, entre otros.

Deberíamos ser capaces de distinguir lo que está bien de lo que está mal y en eso radica, fundamentalmente entender qué son los valores humanos que son, por tanto, indelegables.

Se puede tener más o menos saluda, más o menos cultura, más o menos dinero; pero no podemos desentendernos de los valores morales que son los que nos humanizan.

La honestidad, la generosidad, el compromiso, la responsabilidad, la dignidad, la justicia, la verdad, la nobleza, la libertad no se pueden suplantar, ni se enseñan por ley.

Son las condiciones sociales y culturales las que nos indican estos parámetros de comportamiento frente a nosotros mismos y a los demás.

La vergüenza debería ser la respuesta de cada uno de nosotros cuando no obramos con la convicción de los valores que nos hacen humanos.

Y entendemos que la moral no tiene que ver con la religiosidad de cada uno, tiene que ver con otra cosa, con ser personas atentas, comprometidas y solidarias.

Ya sabemos que los ejemplos no abundan.

Pero también sabemos que tenemos ejemplos bien cerca, nuestros abuelos, nuestros padres, ya que compartimos, creo, una condición generacional, y fueron nuestros viejos los que nos marcaron el camino.

En definitiva, somos lo que somos, no nos creemos el cuento del éxito fácil, de las cosas sin esfuerzo, de la avivada como forma de obtener lo que queremos.

Un paso y otro paso nos lleva por los caminos que nos hagan dignos, como personas, como vecinos, como ciudadanos.

No creo que estemos convencidos de negociar nuestra dignidad por algo tan efímero como la fama o el éxito o el triunfo o la gloria.

Hay valores que no son negociables, hay valores que no estamos dispuestos a ceder, el valor de ser buena gente…


Bienvenidos a El Clan Esdrújulo, esto es radio para escuchar…