miércoles, 29 de julio de 2009

Roberto Arlt

En sus relatos se describe con naturalismo y humor las bajezas y grandezas de personajes inmersos en ambientes indolentes. De este modo retrata la Argentina de los recién llegados que intentan insertarse en un medio regido por la desigualdad y la opresión. Escribió cuentos que han entrado a la historia de la literatura, como El jorobadito (1933) y El criador de gorilas (1941).
Por su manera de escribir directa y alejada de la estética modernista se le describió como "descuidado", lo cual contrasta con la fuerza fundadora que representó en la literatura argentina del siglo XX.
Tras su muerte aumentó su reconocimiento y es considerado como el primer autor moderno de la República Argentina. Escritores como Ricardo Piglia, César Aira o Roberto Bolaño son herederos directos de algunas de sus búsquedas literarias.
A partir de la década de 1930 incursiona en el teatro y en la última etapa de su vida sólo escribe en este género.
Su teatro se estrenó en el circuito de teatro independiente de Buenos Aires, más exactamente en el Teatro del Pueblo, dirigido por Leónidas Barletta. Rompe con el realismo y aborda los problemas de la alienación a través del desdoblamiento de la escena. Sólo "El fabricante de fantasmas" se estrenó en el circuito comercial, con un gran fracaso. Tras su muerte en 1942, Trescientos millones, Saverio el cruel y La isla desierta han sido las obras más representadas.
Se lo considera como un precursor del teatro social argentino y de corrientes posteriores, como el absurdismo y el existencialismo.
Murió de un ataque cardíaco en Buenos Aires, el 26 de julio de 1942.
Lo homenajemos en El Clan Esdrújulo. La editorial de apertura fue una de sus Aguafuertes Porteñas.

"¿QUIERE SER USTED DIPUTADO?
Si usted quiere ser diputado, no hable en favor de las remolachas, del petróleo, del trigo, del impuesto a la renta; no hable de fidelidad a la Constitución, al país; no hable de defensa del obrero, del empleado y del niño. No; si usted quiere ser diputado, exclame por todas partes:
-Soy un ladrón, he robado... he robado todo lo que he podido y siempre.
ENTERNECIMIENTO
Así se expresa un aspirante a diputado en una novela de Octavio Mir¬beau, El jardín de los suplicios.
Y si usted es aspirante a candidato a diputado, siga el consejo. Ex¬clame por todas partes:
-He robado, he robado.
La gente se enternece frente a tanta sinceridad. Y ahora le explicaré. Todos los sinvergüenzas que aspiran a chuparle la sangre al país y a ven¬derlo a empresas extranjeras, todos los sinvergüenzas del pasado, el pre¬sente y el futuro, tuvieron la mala costumbre de hablar a la gente de su honestidad. Ellos "eran honestos". "Ellos aspiraban a desempeñar una administración honesta." Hablaron tanto de honestidad, que no había pulgada cuadrada en el suelo donde se quisiera escupir, que no se escu¬piera de paso a la honestidad. Embaldosaron y empedraron a la ciudad de honestidad. La palabra honestidad ha estado y está en la boca de cual¬quier atorrante que se para en el primer guardacantón y exclama que "el país necesita gente honesta". No hay prontuariado con antecedentes de fiscal de mesa y de subsecretario de comité que no hable de "honradez". En definitiva, sobre el país se ha desatado tal catarata de honestidad, que ya no se encuentra un solo pillo auténtico. No hay malandrino que alar¬dee de serlo. No hay ladrón que se enorgullezca de su profesión. Y la gen¬te, el público, harto de macanas, no quiere saber nada de conferencias. Ahora, yo que conozco un poco a nuestro público y a los que aspiran a ser candidatos a diputados, les propondré el siguiente discurso. Creo que sería de un éxito definitivo.
DISCURSO QUE TENDRIA EXITO
He aquí el texto del discurso:
"Señores:
"Aspiro a ser diputado, porque aspiro a robar en grande y a `aco¬modarme' mejor.
"Mi finalidad no es salvar al país de la ruina en la que lo han hundi¬do las anteriores administraciones de compinches sinvergüenzas; no, se¬ñores, no es ese mi elemental propósito, sino que, íntima y ardorosamen¬te, deseo contribuir al trabajo de saqueo con que se vacían las arcas del Estado, aspiración noble que ustedes tienen que comprender es la más intensa y efectiva que guarda el corazón de todo hombre que se presenta a candidato a diputado.
"Robar no es fácil, señores. Para robar se necesitan determinadas condiciones que creo no tienen mis rivales. Ante todo, se necesita ser un cínico perfecto, y yo lo soy, no lo duden, señores. En segundo término, se necesita ser un traidor, y yo también lo soy, señores. Saber venderse oportunamente, no desvergonzadamente, sino "evolutivamente". Me per¬mito el lujo de inventar el término que será un sustitutivo de traición, so¬bre todo necesario en estos tiempos en que vender el país al mejor postor es un trabajo arduo e ímprobo, porque tengo entendido, caballeros, que nuestra posición, es decir, la posición del país no encuentra postor ni por un plato de lentejas en el actual momento histórico y trascendental. Y créanme, señores, yo seré un ladrón, pero antes de vender el país por un plato de lentejas, créanlo..., prefiero ser honrado. Abarquen la magni¬tud de mi sacrificio y se darán cuenta de que soy un perfecto candidato a diputado.
"Cierto es que quiero robar, pero ¿quién no quiere robar? Díganme ustedes quién es el desfachatado que en estos momentos de confusión no quiere robar. Si ese hombre honrado existe, yo me dejo crucificar. Mis camaradas también quieren robar, es cierto, pero no saben robar. Vende¬rán al país por una bicoca, y eso es injusto. Yo venderé a mi patria, pero bien vendida. Ustedes saben que las arcas del Estado están enjutas, es de¬cir, que no tienen un mal cobre para satisfacer la deuda externa; pues bien, yo remataré al país en cien mensualidades, de Ushuaia hasta el Chaco bo¬liviano, y no sólo traficaré el Estado, sino que me acomodaré con comer¬ciantes, con falsificadores de alimentos, con concesionarios; adquiriré ar¬mas inofensivas para el Estado, lo cual es un medio más eficaz de evitar la guerra que teniendo armas de ofensiva efectiva, le regatearé el pienso al caballo del comisario y el bodrio al habitante de la cárcel, y carteles, impuestos a las moscas y a los perros, ladrillos y adoquines... ¡Lo que no robaré yo, señores! ¿Qué es lo que no robaré?, díganme ustedes. Y si ustedes son capaces de enumerarme una sola materia en la cual yo no sea capaz de robar, renuncio "ipso facto" a mi candidatura...
"Piénsenlo aunque sea un minuto, señores ciudadanos. Piénsenlo. Yo he robado. Soy un gran ladrón. Y si ustedes no creen en mi palabra, vayan al Departamento de Policía y consulten mi prontuario. Verán qué performance tengo. He sido detenido en averiguación de antecedentes co¬mo treinta veces; por portación de armas -que no llevaba- otras tan¬tas, luego me regeneré y desempeñé la tarea de grupí, rematador falluto, corredor, pequero, extorsionista, encubridor, agente de investigaciones, ayudante de pequero porque me exoneraron de investigaciones; fui luego agente judicial, presidente de comité parroquial, convencional, he vendi¬do quinielas, he sido, a veces, padre de pobres y madre de huérfanas, tuve comercio y quebré, fui acusado de incendio intencional de otro bolichito que tuve... Señores, si no me creen, vayan al Departamen¬to... verán ustedes que yo soy el único entre todos esos hipócritas que quieren salvar al país, el absolutamente único que puede rematar la última pulgada de tierra argentina... Incluso, me propongo vender el Congreso e instalar un conventillo o casa de departamento en el Pa¬lacio de Justicia, porque si yo ando en libertad es que no hay justicia, señores..."
Con este discurso, la matan o lo eligen presidente de la República."

AMIA, 15 años de impunidad

El sábado 18 de julio se cumplieron 15 años del atentado a la AMI.
El Clan Esdrújulo de ese sábado estuvo dedicado a entender los efectos de la impunidad en la sociedad.
Esta es la editorial de apertura.

"La impunidad no es solamente la ausencia de castigo.
La impunidad es, además, el olvido, la falta de justicia, la desidia, el desinterés, la falta de compromiso.
Tenemos una larga historia, construida sobre la base de la impunidad y seguimos así, como si nada.
Y la impunidad, como la peste, se va extendiendo hasta hacerse inmensa, imparable, cotidiana, familiar.
Estamos tan acostumbrados a convivir con esta peste que no somos capaces de reacción, y hasta parece que les pasa a otros, que no somos nosotros las víctimas de tanta impunidad.
Hace exactamente 15 años un coche bomba se estrellaba contra la Asociación Mutual Israelita Argentina, la AMIA y el atentado, contra todos los argentinos, ha quedado en la impunidad.
Por desidia miramos hacia otro lado cuando volaron la Embajada de Israel, por desinterés no nos preocupamos cuando, para encubrir un negociado de armas, hicieron estallar Río Tercero, por falta de compromiso dejamos que nos metan las manos en los bolsillos todos los días y nos roben, de a centavos lo único que tenemos.
Quizás nos gane también el olvido y entonces sí, todo quedará absolutamente y justificadamente impune, porque el olvido nos atonta, nos embrutece, nos deshumaniza.
Podríamos contar con dolor la historia del atentado a la AMIA, la historia de los 85 muertos, de los intentos del poder para no juzgar ni castigar; pero elegimos contar otra historia, la de muchos jóvenes que se comprometieron para rescatar la memoria de cientos de años, alojada en documentos, papeles y libros que formaban parte de la biblioteca de la Mutual Judía, que es, también, nuestra historia.
Ya no importa ni nuestra religión, ni nuestro origen, ni nuestro color, ni nuestras ideas políticas; importa que somos gente y esa condición nos pone por encima de las diferencias, sutiles, pequeñas, imperceptibles.
Elegimos contar esa historia porque es parte de la esperanza que se levanta entre tanta desolación, porque todavía podemos contar y cantar, porque podemos reír y llorar, porque podemos sentir y ser sentidos, pero fundamentalmente porque podemos derrotar al olvido…
A pesar del olvido y de la impunidad, es bueno que sepan que todavía estamos de pie y cantamos…

Bienvenidos a El Clan Esdrújulo, esto es radio para escuchar."

Miguel Gila, que se ponga!!!

El humor de Miguel Gila, absurdo, irónico, cándido y certero, nos ha marcado en algún momento.
Gila nació en el madrileño barrio de Chamberí. Huérfano de padre a temprana edad, por dificultades económicas en su hogar abandonó los estudios a los 13 años. Su primer trabajo fue de pintor de coches. Retomó sus estudios hasta el segundo grado de aprendiz de mecánica de aviación trabajando en los Talleres Elizalde de Barcelona.


Vivió exiliado durante 23 años en Argentina y a su regreso a España encontró que su obra había trascendido de padres a hijos.

Murió en Barcelona el 14 de Julio de 2001 y en homenaje lo compartimos en la edición de El Clan Esdrújulo.


"La Historia de Mi vida" contada por Gila...


"La Guerra" contada por Gila...

sábado, 18 de julio de 2009

Osvaldo Soriano

Aquel peronismo de juguete

La voz de Osvaldo Soriano contando sus años de la infancia, su relación con el peronismo, con su padre, con su futuro...

El cuento "Aquel peronismo de juguete" forma parte del libro "Cuentos de los Años Felices".

El relato hecho por el propio Soriano formó parte del homenaje a los escritores argentinos puesto en el aire por El Clan Esdrújulo.


lunes, 13 de julio de 2009

Día de la Independencia

El 9 de julio de 1816 se reunieron en Tucumán los congresales que declararon la Independencia argentina. Parte del programa del sábado 11 de julio estuvo dedicado al tema.
Esta es la editorial de apertura del programa.

"¿Hasta cuándo esperaremos para declarar nuestra independencia? Es ridículo acuñar moneda, tener el pabellón y escarapela nacional y, por último, hacer la guerra al Soberano de quien se dice dependemos, y permanecer a pupilo de los enemigos. La guerra la tenemos que hacer del modo que podamos. Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar. Cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con las bayetitas que trabajan nuestras mujeres, y sino andaremos en pelotas como nuestros paisanos los indios.

Seamos libres, que los demás no importan

Esto pensaba don José de San Martín por aquellos años de la independencia.

193 años después, ¿estamos más libres que en pelotas o más en pelotas que libres?

Al fin y al cabo, como buenos argentinos, somos libres a nuestro modo, negociando un poquito de nuestra incipiente libertad por ciertas comodidades que no estamos dispuestos a ceder.

Si encontráramos un destino común, en el que todos estuviéramos convencidos que ese es el camino, quizás pondríamos en juego esas ciertas pequeñas comodidades.

Si tuviéramos la certeza de que nadie va a traicionar ese destino, tal vez seríamos capaces de dar el paso.

Pero quién puede dar la certeza, quién va a creer que no va a haber traición.

Después del salariazo y la revolución productiva, la ilusión del primer mundo, los reflejos miserables de las lucecitas de las nuevas tecnologías, la entrega infame de las riquezas del país que aplaudieron incluso los que hoy se rasgan las vestiduras, quién puede creer en certezas. Y eso por mencionar sólo algunos pocos acontecimientos de los últimos años y sin profundizar.

¿Somos libres? ¿Nos sentimos libres? ¿Libres de qué? ¿Libres de quién?

Argentina, país generoso, que nunca termina de quebrarse, nos sigue dando y dando, a pesar de los pesares.

Cuánto peor creemos que estamos, por cierto, hubo y hay alguien que la ha pasado y la pasa mucho peor; pero nos queda la esperanza de ser verdaderamente dignos de la libertad que creemos merecer, pero ese es un trabajo de todos los días, no tiene feriados, ni descanso, ni distracciones.

En pelotas pero libres, tenemos que creer que vale la pena.

Bienvenidos a El Clan Esdrújulo, esto es radio para escuchar.


Simón Rodríguez

1826

Las ideas de Simón Rodríguez

para “enseñar a pensar


Se ha de educar a todo el mundo sin distinción de razas ni colores. No nos alucinemos: sin educación popular no habrá verdadera sociedad.

Instruir no es educar. Enseñen, y tendrán quien sepa; eduquen, y tendrán quien haga.

Mandar recitar de memoria lo que no se entiende, es hacer papagayos. No se mande, en ningún caso, hacer a un niño nada que no tenga su “porque” el pie. Acostumbrado el niño a ver siempre la razón respaldando las órdenes que recibe, la echa de menos cuando nos las ve, y preguntando por ella diciendo: “¿por qué?” Enseñen a los niños a ser preguntones para que, pidiendo el por qué de lo que se les manda hacer, se acostumbren a obedecer a la razón; no a la autoridad, como los limitados, ni a la costumbre como estúpidos.

En las escuelas deben estudiar juntos los niños y las niñas. Primero, porque así desde niños los hombres aprenden a respetar a las mujeres; y segundo, porque las mujeres aprenden a no tener miedo a los hombres.

Los varones deben aprender los tres oficios principales: albañilería, carpintería y herrería, porque con tierra, madera y metales se hacen las cosas más necesarias. Se ha de dar instrucción y oficio a las mujeres, para que no se prostituyan por necesidad, ni hagan del matrimonio una especulación para asegurar sus subsistencia.

Al que no sabe, cualquiera lo engaña. Al que no tiene, cualquiera lo compra.

De "Memoria del Fuego" de Eduardo Galeano.