domingo, 26 de abril de 2009

Pablo Neruda - Américas


En el programa dedicado a América pusimos al aire varias poesías de autores latinoamericanos leídas por ellos mismos. Una de ellas fue Américas de Pablo Neruda.

Como hemos tenido algunos inconvenientes para subir los audios del programa a la página, adelantamos la poesía, para los oyentes un tanto ansiosos.


A M E R I C A S


Viva Colombia, bella y enlutada

y Ecuador coronado por el fuego,

viva el pequeño Paraguay herido

y por desnudos héroes resurrecto,

oh! Venezuela, cantas en el mapa

con todo el cielo azul en movimiento

y de Bolivia los huraños montes

los ojos indios y la luz celebro;

yo sé que aquí y allá los que cayeron

defendiendo el honor fueron los pueblos

y amo hasta las raíces de mi tierra

desde Río Grande hasta Polo chileno

no sólo porque están diseminados

en esta larga lucha nuestros huesos,

sino porque amo cada puerta pobre

y cada mano del profundo pueblo

y no hay belleza como esta belleza

de América extendida en sus infiernos,

en sus cerros de piedra y poderío,

y en sus ríos atávicos y eternos

y te amo en los recónditos espacios

de las ciudades con olor a estiércol,

en los trenes del alba vacilanrte,

en los mercados y en los mataderos,

en las flores eléctricas de Santos,

en la cruel construcción de tus cangrejos,

en tu decapitada minería

y tus pobres borrachos turbulentos;

el planeta te dio toda la nieve,

aguas mayores y volcanes nuevos

y luego el hombre fue agregando muros

y adentro de los muros sufrimiento

y es por amor que pego en tus costados;

recíbeme como si fuera viento.


Te traigo con el canto que golpea

un amor que no puede estar contento

y la fecundación de las campanas;

la justicia que esperan nuestros pueblos.

Y no es mucho pedir, tenemos tanto,

y sin embargo tan poco tenemos

que no es posible que esto continúe.


Éste es mi canto, lo que pido es eso;

porque no pido nada sino todo,

lo pido todo para nuestros pueblos

y que se ofenda el triste presumido

enloquecido por un nombramiento,

yo sigo y me acompañan dos razones:

mi corazón y mi padecimiento.

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