sábado, 11 de abril de 2009

El Clan Esdrújulo

Esta es la editorial con la que comenzó El Clan Esdrújulo el sábado 11 de abril.

Hay dos formas de hacer de la política una profesión.


O se vive “para” la política o se vive “de” la política.

Generalmente se hacen las dos cosas, al menos idealmente; y, en la mayoría de los casos, también materialmente.


Quien vive “para” la política hace “de ello su vida” en un sentido íntimo; o goza simplemente con el ejercicio del poder que posee, o alimenta su equilibrio y su tranquilidad con la conciencia de haberle dado un sentido a su vida, poniéndola al servicio de “algo”.


La diferencia entre vivir para y el vivir de se sitúa en un nivel mucho más grosero, en el nivel económico.


Vive “de” la política como profesión quien trata de hacer de ella una fuente duradera de ingresos; vive “para” la política quien no se halla en este caso.


Se dice que una cuestión es política, o que son “políticos” un ministro o un funcionario, o que una decisión está políticamente condicionada, y las condiciones de esta decisión, dependen directamente de los intereses en torno a la distribución, la conservación o la transferencia del poder.


Quien hace política aspira al poder; al poder como medio para la consecución de otros fines (idealistas o egoístas) o al poder “por el poder”, para gozar del sentimiento de prestigio que él confiere.


El político tiene que vencer cada día y cada hora a un enemigo muy trivial y demasiado humano, la vanidad, enemiga mortal de toda entrega a una causa y de toda mesura, en este caso de la mesura frente a sí mismo.


Los partidos políticos fueguinos, mordidos por sus contradicciones internas, están prácticamente desintegrados; navegan en un conveniente mar de incoherencias, ambigüedades y vacilaciones, por no decir traiciones, ya que principios, les quedan ya muy pocos.


Hace tiempo que los políticos no logran interpretar, y muchos menos representar, los intereses de la gente.


Para la clase política, y aún más para la que gobierna, hay algo peor que no escuchar a la gente; escuchar mal, interpretar mal el mensaje y hacer que no pasa nada.


La obstinación en creer que todos estamos equivocados menos el gobierno, si no es sordera, raya, seguro, con la necedad.


Para no repetir la historia del rey desnudo, el primer paso es aceptar que se está desnudo.

Pero lejos de aceptar la desnudez, el gobierno se empecina en suponer que hay una única verdad, y la repiten como loros, hasta creérsela.

Eso sí, hay que reconocerlo, el discurso, repetido mil veces, suena muy bonito, rasca con frenesí; pero hay un problema, rasca donde no pica…



Bienvenidos a El Clan Esdrújulo, esto es radio para escuchar…

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