El programa de ese sábado abrió con esta editorial...
“Si encontráramos una manera de controlar todo lo que a cierto número de hombres les puede ocurrir; de disponer de todo lo que esté en su derredor, a fin de causar en cada uno de ellos la impresión que se quiera producir; de cercioramos de sus movimientos, de sus reacciones, de todas las circunstancias de su vida, de modo que nada pudiera escapar ni entorpecer el efecto deseado, es indudable que en medio de esta índole sería un instrumento muy enérgico y muy útil, que los gobiernos podrían aplicar a diferentes propósitos de la mas alta importancia”.
Esto escribía Jeremy Bentham, el inventor del sistema panóptico en 1791
Quizá hoy, en tiempos en que se reclama mano dura, nos den un poco de vergüenza nuestras prisiones. Sin embargo el siglo XIX se sentía orgulloso de las fortalezas que construía para encerrar a lo peor de la sociedad.
Se maravillaba de no castigar ya los cuerpos y de saber corregir en adelante las almas. Aquellos muros, aquellos cerrojos, aquellas celdas figuraban una verdadera empresa de ortopedia social.
A los que roban se los encarcela; a los que violan se los encarcela; a los que matan, también. ¿De dónde viene esta extraña práctica y el curioso proyecto de encerrar para corregir, que traen consigo los Códigos penales de la época moderna? Más bien una tecnología nueva: el desarrollo, del siglo XVI al XIX, de un verdadero conjunto de procedimientos para dividir en zonas, controlar, medir, encauzar a los individuos y hacerlos a la vez "dóciles y útiles".
Vigilancia, ejercicios, maniobras, calificaciones, rangos y lugares, clasificaciones, exámenes, registros, una manera de someter los cuerpos, de dominar las multiplicidades humanas y de manipular sus fuerzas, se ha desarrollado en el curso de los siglos clásicos, en los hospitales, en el ejército, las escuelas, los colegios o los talleres: la disciplina.
El siglo XIX inventó, sin duda, las libertades: pero les dio un subsuelo profundo y sólido, la sociedad disciplinaria de la que seguimos dependiendo.
Hoy la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades no los resuelve la mano dura ni las cárceles, sino la solidez de una sociedad que reivindique el trabajo, la solidaridad y la libertad como sus valores fundamentales.
Bienvenidos a El Clan Esdrújulo, radio para escuchar…



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