domingo, 15 de marzo de 2009

Que la tortilla se vuelva - sábado 14 de marzo

Los problemas más importantes del hombre, los esenciales, no son, ni por asomo, problemas políticos.

El hambre, la desigualdad, son problemas políticos, pero el egoísmo que las provoca es un problema humano.

La democracia no es un pacto de inmovilidad. No se la puede vivir como una siesta en el campo. La libertad siempre es atrevida, bullanguera y aún mejor, tumultuosa.

Pero además, si no se las piensa, a la democracia y la libertad, con sentido de justicia y solidaridad, las pocas oportunidades que podamos conseguir desembocarán en nuevas frustraciones.

Esto representa pensar y ejecutar un nuevo reparto de la prosperidad, aunque en tiempos de crisis es difícil imaginarlo, en el que tanto el capital como el trabajo que produce riqueza reciban compensaciones adecuadas, equitativas, sin abusos ni privilegios denigrantes.

Es un propósito que excede largamente las posibilidades del mercado.

Y deberá ser el Estado el que encabece la tarea de restablecer el equilibrio en la distribución de esfuerzos y retribuciones, pero tampoco se puede hacer el distraído amparando amigotes de ocasión y corruptos solapados que se mimetizan constantemente.

Decía Albert Camus que la verdadera desesperanza no nace ante una obstinada adversidad, ni en el agotamiento de una lucha desigual; proviene de que no se perciben más las razones para luchar, e incluso, de que no se sepa si hay que luchar.

Una vieja canción de los milicianos republicanos españoles decía: “Cuando querrá Dios del cielo, que la tortilla se vuelva, que los pobres coman pan y los ricos mierda, mierda”. Da la sensación que el poder, el político y el económico, nos han venido engañando, volteando la tortilla, pero sin largar la sartén.

Parece que el desafío, hoy, no es seguir dándole vueltas a la tortilla, sino el hacer otra tortilla.

Claro, que para hacerla hace falta muchos huevos…

Bienvenidos a El Clan Esdrújulo, radio para escuchar…

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