viernes, 27 de marzo de 2009

La noche atroz del golpe

El programa del sábado 28 está dedicado al golpe del 24 de marzo de 1976.
Esta es la editorial con la que comienza El Clan Esdrújulo.

Durante la década del 70 la Argentina fue sacudida por un terror que recorría el arco ideológico de punta a punta, de derecha a izquierda, en los extremos.

Este fenómeno, que es contemporáneo con los ocurridos en otros países de América Latina, no fue una casualidad.

A los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido.


Desde aquella madrugada del 24 de marzo de 1976 contaron con el poder y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos.


Con la técnica de la desaparición y sus consecuencias, todos los principios éticos que las grandes religiones y las más elevadas filosofías erigieron a lo largo de la historia de la humanidad, fueron pisoteados y bárbaramente desconocidos.


Los Derechos Humanos fueron violados en forma orgánica y estatal por la represión de las Fuerzas Armadas. Y no violados de manera esporádica, sino sistemática, con similares secuestros e idénticos tormentos en toda la extensión del país. ¿Cómo no atribuirlos a una metodología del terror planificada por los altos mandos?


El golpe del 76 no sólo es atribuible a los militares. Detrás de ellos se agazapaba, al acecho, el poder de las corporaciones, económicas, políticas, religiosas, sindicales que también fueron cómplices de tanto horror. Lo que no destrozaba la mano militar lo saqueaba el poder económico, lo complacía el poder político y lo reconfortaba el poder de la iglesia.


También se instauró un lenguaje del terror. La palabra “subversivo” tenía un alcance tan vasto como impredecible. En el delirio semántico todo era posible. Las calificaciones “marxismo-leninismo”, “apátridas”, “materialistas” y “ateos”, abarcaban desde gente que propiciaba una revolución social hasta adolescentes políticamente sensibles.


Pero el terror se extendió a un terreno que nunca un dictador, por más salvaje que fuera, se había animado a pisar, la apropiación de los hijos de los desaparecidos.


Creyeron que con eso borraban el recuerdo de los secuestrados, torturados y asesinados.


Pero el olvido, como dice Benedetti, está lleno de memoria.


Las bestias nunca comprendieron que basta uno solo con memoria para que la historia siga su curso, molestando, y picando donde más les duele.


Nuestra memoria es el tábano que pica y pica el lomo de esas bestias.


Bienvenidos a El Clan Esdrújulo, radio para escuchar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario