Esta es la editorial de apertura del programa del 15 de agosto dedicado al General José de San Martín.
¿De qué carne están hechos los héroes?
¿O sólo son puro bronce y existen en nuestra imaginación?
El Santo de la Espada; el Padre de la Patria; el de la logia de Cádiz; el mulato; mitad español, mitad argentino; héroe; conspirador; santo; déspota; todo y nada de eso era José de San Martín.
Serás lo que debas ser o no serás nada. En pelotas, pero libres.
¿Cuál es la dimensión de ese hombre? ¿Existe hoy un argentino capaz de tanto sacrificio?
San Martín no era de bronce, por cierto, y su última aspiración era ser un hombre común, pero cada hombre vive una doble fatalidad: la de su ser íntimo y la del juicio ajeno. Entre ambos extremos se desarrolla la vida.
“…Nada suministra una idea para conocer a los hombres como una revolución; ella nos presenta ejemplos para medir lo inmenso de su perversidad” pensaba don José y tenía bien sabido que “tener méritos y no tener enemigos es imposible”.
San Martín fue el hombre que veía más lejos; el que puso por sobre sus ambiciones personales el valor más importante para cualquier hombre, la libertad.
Hoy, más de siglo y medio después de su muerte, seguimos buscando el camino que nos lleve a la libertad, pero no tenemos quien sea capaz de ver más allá.
Nuestras miradas se quedan aquí nomás, cerca, muy cerca, mirando lo intranscendente, confundiendo el alboroto con la revolución; creyendo que rompemos los espejos donde nos reflejamos, mirándonos absortos, desorientados, impávidos, incrédulos.
Aquel rumbo del Libertador, ¿estará cerca del que andamos buscando?
Entre tanta lucecita de colores y musiquitas engañadoras, nos queremos convencer que vamos derecho a nuestro destino de gloria.
“Basta de ser egoístas. A la idea del bien común y de nuestra existencia todo debe sacrificarse” pensaba don José y lo cumplió sin dobleces.
Comandó los avances de un ejército empobrecido, mal entrazado, que logró una de las hazañas militares más impresionantes de la historia.
Murió en el exilio.
Si viera en lo que nos hemos transformado le daría un poco de vergüenza, propia y ajena.
Serás lo que debas ser o no serás nada. En pelotas pero libres.
Aún no sabemos si somos o no y la patria, como una adolescente, sueña que sus sueños se hacen realidad…
Bienvenidos a El Clan Esdrújulo, esto es radio para escuchar…
¿De qué carne están hechos los héroes?
¿O sólo son puro bronce y existen en nuestra imaginación?
El Santo de la Espada; el Padre de la Patria; el de la logia de Cádiz; el mulato; mitad español, mitad argentino; héroe; conspirador; santo; déspota; todo y nada de eso era José de San Martín.
Serás lo que debas ser o no serás nada. En pelotas, pero libres.
¿Cuál es la dimensión de ese hombre? ¿Existe hoy un argentino capaz de tanto sacrificio?
San Martín no era de bronce, por cierto, y su última aspiración era ser un hombre común, pero cada hombre vive una doble fatalidad: la de su ser íntimo y la del juicio ajeno. Entre ambos extremos se desarrolla la vida.
“…Nada suministra una idea para conocer a los hombres como una revolución; ella nos presenta ejemplos para medir lo inmenso de su perversidad” pensaba don José y tenía bien sabido que “tener méritos y no tener enemigos es imposible”.
San Martín fue el hombre que veía más lejos; el que puso por sobre sus ambiciones personales el valor más importante para cualquier hombre, la libertad.
Hoy, más de siglo y medio después de su muerte, seguimos buscando el camino que nos lleve a la libertad, pero no tenemos quien sea capaz de ver más allá.
Nuestras miradas se quedan aquí nomás, cerca, muy cerca, mirando lo intranscendente, confundiendo el alboroto con la revolución; creyendo que rompemos los espejos donde nos reflejamos, mirándonos absortos, desorientados, impávidos, incrédulos.
Aquel rumbo del Libertador, ¿estará cerca del que andamos buscando?
Entre tanta lucecita de colores y musiquitas engañadoras, nos queremos convencer que vamos derecho a nuestro destino de gloria.
“Basta de ser egoístas. A la idea del bien común y de nuestra existencia todo debe sacrificarse” pensaba don José y lo cumplió sin dobleces.
Comandó los avances de un ejército empobrecido, mal entrazado, que logró una de las hazañas militares más impresionantes de la historia.
Murió en el exilio.
Si viera en lo que nos hemos transformado le daría un poco de vergüenza, propia y ajena.
Serás lo que debas ser o no serás nada. En pelotas pero libres.
Aún no sabemos si somos o no y la patria, como una adolescente, sueña que sus sueños se hacen realidad…
Bienvenidos a El Clan Esdrújulo, esto es radio para escuchar…



No hay comentarios:
Publicar un comentario