martes, 16 de junio de 2009

¿Un mundo sin periodistas?

El 7 de junio, en la Argentina, se festeja el día del periodista.
El 7 de junio de 1810 Mariano Moreno fundó la “Gazeta de Buenos Ayres”, primer periódico de la etapa independentista argentina. La Primera Junta indicó por decreto su fundación para comunicar al público los actos oficiales y las noticias locales e internacionales. Sus primeros redactores fueron Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juan José Castelli. Pero el Día del Periodista fue establecido recién en 1938 por el Primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en Córdoba.
Esta es la editorial de El Clan Esdrújulo del sábado 6 de junio.

¿Podría haber un mundo sin periodistas?

Posiblemente, pero sería casi imposible porque siempre habrá alguien con la vocación de contar lo que nos sucede, y habrá otro que traiga alguna novedad de más allá o más acá.

Mientras haya uno, tan sólo uno que nos cuente lo que pasa, habrá periodistas.

En 1935, Bertolt Brech escribió: “Quien quiera hoy día combatir la mentira y la ignorancia y escribir la verdad, tiene que vencer, por lo menos, cinco obstáculos. Deberá tener el valor de escribir la verdad, aunque sea reprimida; la perspicacia de reconocerla, aun cuando sea solapada por doquier; el arte de hacerla manejable como un arma; el criterio para escoger a aquellos en cuyas manos se haga eficaz; la astucia para propagarla entre éstos.

Estos obstáculos son grandes para aquellos que escriben bajo la férula del fascismo, pero existen también para aquellos que fueron expulsados o han huido, incluso para aquellos que escriben en los países de la libertad burguesa.

El actual manejo de los medios está determinando que la libertad de prensa esté realmente condicionada, constreñida a la libertad de empresa.

Es así que los periodistas no siempre podemos publicar libremente nuestras opiniones, ni podemos decidir qué noticias son las más importantes.

El periodismo es lisa y llanamente un fabuloso negocio para unos pocos privilegiados.

Cuando intentamos sostener nuestra independencia, rápidamente se levanta un cerco que nos deja sin posibilidades de trabajar: esa es una de las más crueles formas de la censura.

Muchas veces tenemos que elegir entre el silencio o seguir siendo un engranaje de la fábrica de opiniones endulzadas por las mieles del poder.

Hay miles de ejemplos de periodistas que no negociaron jamás sus ideas ni su independencia, como hay miles de ejemplos de los que se acomodaron cómplices de la censura, la mentira y la represión.

En un país que registra más de cien periodistas desaparecidos, donde la prensa conoció toda clase de persecuciones y cercenamientos incluso bajo gobiernos constitucionales, puede parecer equívoco afirmar que la situación general del periodismo empeoró con los años, en plena democracia, o por lo menos que no evolucionó hasta llegar a niveles satisfactorios, y que ello se debió en alguna medida a la dificultad para instalar paradigmas éticos. Sin embargo, esa es la percepción que hoy parece tener la mayoría de los periodistas. En un estudio realizado entre tres centenares de periodistas, uno de cada tres consideró que en una escala de 1 a 10 el “nivel ético general” merece una calificación de sólo 5 puntos. El 18,4% de los encuestados calificó con 4. El 11%, con 3. Nadie usó las calificaciones altas.

Eso es lo que somos.

En un país donde el poder suele escudar sus miserias echándole la culpa al periodismo podemos decir, sin temor a equivocarnos que muchas veces nos sentimos parados en el palo del gallinero.

Bienvenidos a El Clan Esdrújulo, esto es radio para escuchar.


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